Dibujar para entender el mundo: por qué la Educación Plástica sigue siendo imprescindible

 



 Foto de Paolo Gregotti.

Vivimos rodeados de imágenes. En redes sociales, publicidad, videojuegos o cine, la comunicación visual domina nuestro día a día. Y sin embargo, en la escuela, el lenguaje visual sigue ocupando un papel secundario. La Educación Plástica y Visual no es una asignatura “decorativa”: es una herramienta fundamental para aprender a interpretar, cuestionar y crear en un mundo saturado de estímulos visuales.

Suelo prohibirles a mis alumnos y alumnas que digan: “no sé dibujar”. Lo hago porque, para muchos, lo que se entiende por “buen dibujo” sigue siendo el realismo renacentista, los bocetos de Leonardo Da Vinci, las sombras perfectas y las proporciones exactas. Pero eso es falso —y, sobre todo, dañino. Esa idea genera frustración y bloquea la creatividad de generaciones enteras.

Dibujar no es copiar la realidad: es entenderla. Es aprender a observar, a decidir qué es importante, a traducir ideas en formas. Es un proceso de pensamiento, no una competición estética. Por eso, enseñar arte no consiste solo en enseñar técnicas, sino en ayudar a mirar con otros ojos, a expresar lo que no siempre se puede decir con palabras.

En la sociedad de la imagen, necesitamos más que nunca una educación visual crítica y creativa. Que nuestro alumnado sepa leer y producir imágenes con sentido, que entienda su poder y su influencia. Porque saber dibujar —de verdad— no significa hacerlo “bonito”, sino hacerlo con intención.

                                                                                                                              

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